Grandes borrachos colombianos

Pablo Rolando Arango

$50.000 Preventa

Precio regular: $60.000

Alcaldes que despachan desde cantinas y prostíbulos; profesores de matemáticas que no saben multiplicar pero enseñan a embridar caballos; filósofos que practican su imposible profesión de pensadores «viajando mente adentro en una mesa»; un ajedrecista que derrota campeones mundiales y vive y muere en la calle. En esta segunda edición el autor corrigió y agregó algunos pasajes, e incluuna serie de artículos que había escrito por encargo o por accidente: una crónica de la que pocos escritores podrían salir ilesos, en la que una revista le pide a Arango que vaya y se emborrache a punta de alcohol antiséptico con otros alcohólicos en el Parque Caldas de Manizales; otra crónica en la que el autor nos cuenta su paso involuntario por un hospital siquiátrico; y una breve e intensa historia de la humanidad a partir de la cerveza (o viceversa). Antes de la próxima recaída el autor nos suelta un dudoso sermón con los aprendizajes fraudulentos que recogió por la senda del vicio. Todo con un estilo hilarante y de una rara belleza.

«Uno de los mejores libros, sino el mejor, de la Feria del libro de Bogotá 2016. Una joya que enseña que la borrachera es una de las bellas artes». Juan Esteban Constaín

«Alguien dijo alguna vez que hay inteligencias que son como un puñal, y otras que son como una mano tendida. La de Pablo Arango, sin duda, cae en el segundo cajón. Su escritura tiene un tono conversacional que es un auténtico deleite. Su erudición es como una hermosa chaqueta de lino en verano: ligera, discreta y elegante». Marianne Ponsford

«Combina con destreza el humor, la irreverencia y la ternura. Arango, al escribir sobre sí mismo y sobre aquellos que lo han acompañado en sus visitas al fondo de la copa de aguardiente, traza un interesante perfil de la idiosincrasia del Eje Cafetero». Ángel Castaño Guzmán

Sobre el autor
Pablo Rolando Arango

Pablo Rolando Arango

Pablo Rolando Arango (Bogotá, 1975) es uno de los escritores colombianos de no ficción más originales de la actualidad. Su literatura se destaca por un feliz cruce de géneros, desde el ensayo filosófico hasta la nota necrológica, y de temas (desde la filosofía de la antigüedad clásica hasta los afanes cotidianos de los indigentes en las calles de Manizales), y por un sentido del humor que nace de una mirada atenta, compasiva y autocrítica. 

Es profesor de filosofía en la Universidad de Caldas. Ha publicado en El malpensanteArcadiaSohoUniverso Centro. En 2025 publicó el libro Sirvan la cicuta, crucifiquen al autómata. Una invitación a la filosofía en tres retratos (Taurus), incluido en la lista de los mejores libros colombianos de no ficción por Casa Macondo. La primera edición de esta singular colección de crónicas que ahora reeditamos fue incluida en las listas de los mejores libros colombianos de 2016, y es ya un libro de culto de la literatura colombiana reciente.

Comentarios de prensa

Uno de los mejores libros, sino el mejor, de la Feria del libro de Bogotá 2016. Una joya que enseña que la borrachera es una de las bellas artes.

Juan Esteban Constaín, GPS (Programa de Tv)

Alguien dijo alguna vez que hay inteligencias que son como un puñal, y otras que son como una mano tendida. La de Pablo Arango, sin duda, cae en el segundo cajón. Su escritura tiene un tono conversacional que es un auténtico deleite. Su erudición es como una hermosa chaqueta de lino en verano: ligera, discreta y elegante.

Marianne Ponsford, Casa Macondo

Combina con destreza el humor, la irreverencia y la ternura. Arango, al escribir sobre sí mismo y sobre aquellos que lo han acompañado en sus visitas al fondo de la copa de aguardiente, traza un interesante perfil de la idiosincrasia del Eje Cafetero.

Ángel Castaño Guzmán, El Espectador

Con honestidad, compasión, ironía y gran sentido del humor, nos cuenta cuatro historias de borrachos entre las cuales incluirá la suya. Grandes borrachos, no por ser figuras destacadas o excéntricas —más bien se trata de seres minúsculos y entrañables—, sino porque en ellos es posible develar un ethos colectivo, la cultura del Eje Cafetero.

Luis Fernando Afanador, revista Semana

Pablo es el puente colgante entre la academia y el billar, entre la epistemología y el botellazo. El humor y la reflexión filosófica en estas piezas no son un recurso narrativo sino la representación fiel de una realidad que se aproxima por igual a lo ridículo y a lo trágico, a lo trascendente y a lo mundano.

Camilo Jiménez, El ojo en la paja

Una crónica de tono biográfico, un ensayo de alcance filosófico y una presentación cinematográfica de los disparates universitarios en los tiempos que corren. Es casi imposible encontrar en el mundillo académico a alguien capaz de poner sobre una mesa llena de botellas, pasantes y puchos —en un ambiente de peleas a machete, cantineros moralistas y putas solidarias— una interpretación de su propia vida acaballada en pensadores gringos y europeos, poetas locales y cantantes populares.

Mario Hernán López, Boletín bibliográfico (Libélula libros)

Una cosa es una borrachera en un club, en una playa privada o en compañía de la esposa, y otra muy distinta en una cantina de pueblo, con la música de fondo del Caballero Gaucho y la incertidumbre sobre de dónde saldrá la plata para pagar la cuenta. Ese paisaje cultural cafetero es el que pinta con humor e ironía Pablo Rolando Arango: los abanderados del periodismo de inmersión tienen acá un nuevo libro de cabecera […] Textos sobre borrachos escritos con la gracia lúcida del que está achispado, y la claridad del sano juicio.

Adriana Villegas, Blog (cuasi) secreto de lectura

Grandes borrachos colombianos es un profundo divertimento. Leer las anécdotas de la infancia etílica de Pablo es gozar con sus apuntes. Y puedo dar fe, por conocimiento territorial, de que las cosas que dice y que cita sobre lo que ocurría —ocurre— con los púberes y los adolescentes en municipios como Manzanares o Pensilvania son verdad. No hay manera aquí de salvar a las buenas gentes del pueblo. Esas cosas pasan así, igualitas. Basta haber conocido al papá de un amigo de Pablo que cita con total gracia el autor cuando da consejos para la vida. Al parar de reír nos damos cuenta de la profundidad del problema que muestra de esta forma Arango, el alcoholismo como única posibilidad para miles de nuestros jóvenes en esta región.

Fernando Alonso Ramírez, La Patria

Una radiografía de la región del Eje Cafetero, inundada por ríos de aguardiente, ambientada en cantinas, billares y prostíbulos, y protagonizada por dos filósofos, un ajedrecista y un cantante abstemio sobre los que Arango sabe discurrir con armonía. Reflexiones filosóficas aparte (que por supuesto las hay, desde Platón hasta Kierkegaard, lo de grecocaldense no es en vano), los cuatro personajes se tambalean de un lado a otro: entre lo sublime y lo patético los unos, entre la genialidad y la indigencia los otros.

Andrés Páramo, revista VICE

Es posible imaginar a Grandes borrachos colombianos como una larga confesión que el filósofo, profesor y ensayista Pablo Rolando Arango hace, extrañamente sobrio, mientras lo acompañamos codo a codo en una mesa al fondo de El Gran Bar, ese paraíso de aguardiente que labró los días de su adolescencia en la fría montaña caldense[…] Puestos a jugar con las metáforas, Grandes borrachos colombianos también puede ser ese prostíbulo a donde el borracho llega para beber y joder, y entonces Arango celebra en el recuerdo las faenas metafísicas vividas en Casa Roña, complejo de siete casas de prostitución en el pequeño Manzanares de finales del siglo pasado. Trago, lujuria, complicidad y caos componen la borrosa escenografía de esa primera educación sentimental que más tarde condujo a Arango a la filosofía como profesión y a la ebriedad como santo y seña en la siempre beoda y siempre abstemia Manizales.

Hernando Urriago, El País (Cali)

El corto pero entrañable libro Grandes borrachos colombianos puede leerse como la introducción a un viaje alrededor de la historia de la filosofía en el encuentro personal de su autor con los protagonistas de una “epistemología” regional. La brevedad no es aquí otra cosa que un sorbito protocolario que invita a los lectores a asumir el brindis con la amabilidad propia de quien entra a una reunión y desea tomarse el primer trago.

Luis Felipe Valencia, revista Escritos (UPB, Medellín)

Pocas veces un libro de filosofía o mejor de un filósofo, conversa con el hombre de a pie. Pablo sabe que se piensa para dar respuesta o acicate a lo que no entendemos. Que siempre es más fácil enterrar un hombre que comprenderlo. Apenas vamos por el primer volumen. No creo que este tema se agote tan pronto. Quedo a la espera de otro round con este hombre que, desde las faldas manizalitas, piensa el mundo. Se sabe hace mucho que el primer trago es difícil de pasar pero este sorbo de libro preludia varias botellas. Hay libros pequeños que se vuelven enormes sin mayor noticia. Este es uno de ellos.

Alejandro Torres, Árbol de tinta libros

Es un libro chiquito en la forma y grande en el contenido. Con gracia irresistible, Pablo Rolando presenta cuatro semblanzas de tres borrachines y un puritano […] El final es un irónico perfil de Luis Ángel Ramírez, el Caballero Gaucho, abstemio hasta la última gota y autor del himno de los tomatragos de este país de tomatragos, esa canción temperamental y perentoria que dice “no bebas, que no vale la pena / las copas no ayudan a olvidar. / Amigo, no bebas demasiado…”. ¡Salutis frutis por Pablo Rolando! ¡Salutis frutis, penúltima vez que me emborracho!

Esteban Carlos Mejía, Vivir en El Poblado

Una obra divertidísima alrededor de la “borrachera como una de las bellas artes” —como la nombra Juan Esteban Constaín en la solapa del libro—.

Carlos Andrés Almeyda, Boletín cultural y bibliográfico (Banco de la República)

En la mesa de noche, enseguida de Grandes borrachos colombianos de Pablo R. Arango tengo: Camino nocturno por Ludwig Hohl —Editorial Minúscula; vuelvo a leer ahí: «La hoja», que empieza así: «Un hombre, en su desamparo, llegó caminando hacia la salida de la ciudad, se sentó en un banco de una gran calle proletaria llamada Gürtel. Entonces le cayó encima una hoja, porque esa calle tiene árboles. Por nada del mundo se habría atrevido a tirar esa hoja, era una señal de lo alto, y la conservó». Llegado aquí el que lea se preguntará cómo una historia de desamparo, milagro, pérdida y —otra vez— milagro, escrita por un autor suizo de culto, tiene algo que ver con cantinas y borrachos de por aquí: ese es su problema; yo tengo un vislumbre —pero no sé explicarlo.

José F. Calle, Boletín bibliográfico (Libélula libros)